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El taller de acercamiento a las artes plásticas de Kino (parte III): La visita al museo Bello

Posted in Arte y Cultura, Museos on February 12th, 2010 by Hugo Lopez Alvarez – Be the first to comment

Hemos terminado el primer mes del taller y lo mejor de todo, varios conceptos que vimos inicialmente están tomando un mayor sentido.  Para la cuarta sesión del taller, Kino nos llevó a visitar el Museo Bello (José Luis Bello y González), el cual  se encuentra ubicado en la 3 poniente núm. 302 en pleno centro histórico de la ciudad de Puebla.

El museo es fundado con la colección personal de Mariano Bello la cual se empezó a acopiar desde la última década del siglo XIX hasta el año de 1938. La colección tiene actualmente 3028 piezas organizada en 22 tipos de objetos como pintura, talavera, platería, marfiles, cristalería, mobiliario, cobres e instrumentos musicales. Aunque es muy rica en contenido, la mayor importancia se debe a que fue una de las primeras colecciones personales de las cuales se tiene registro en México.

Al no tener descendencia directa, Mariano Bello decide indicar en su testamento que toda la colección sería heredada al gobierno del estado de Puebla.  El museo como tal, abrió sus puertas en el año de 1944 y se mantuvo así hasta 1999, año en que fue cerrado debido  a los daños que sufrió el inmueble debido al sismo. Después de un gran proyecto de restauración y readecuación del inmueble,  en noviembre del año pasado se realizó su reinauguración.

Ana Martha Hernández Castillo, quien es la subdirectora de  museos de la secretaría de cultura del estado, nos ofreció una visita guiada por cada una de las 13 salas de las cuales está compuesta el museo.

La primera parada de este recorrido fue la sala roja, lugar donde se encuentra un óleo de Mariano Bello y donde se hace un reconocimiento al labor  realizada para por tantos años recopilar la colección que le da vida al museo.  La segunda parada del recorrido fue la sala Arrieta y precisamente se llama así debido a que en ella se encuentran algunas obras del pintor Agustín Arrieta.  Una ánfora romana del siglo I a.c. y arcón que contiene en su tapa interior uno de los mapas más antiguos de la ciudad de Manila fueron algunos de los elementos más significativos.

Continuando el recorrido, nos encontramos con una sala la cual contiene una gran colección de objetos utilitarios de cobre así como diversos objetos de hierro forjado. En su momento, muchos de estos objetos presentados eran de un uso común y no eran considerados para formar parte de  una colección, sin embargo Mariano Bello tuvo la visión de resguardarlos para ser visto por futuras generaciones. Esta misma idea se extendió hasta la siguiente sala donde pudimos apreciar una colección de talavera compuesta por más de 400 piezas, teniendo su principal valor al poder apreciar a través de ella la evolución que ha tenido la talavera. También nos encontramos con una pequeña colección de arte prehispánico, donde nuevamente Mariano Bello mostró su visión para empezar a coleccionar objetos de tipo prehispánico, esto lo realizó no exactamente con un sentido nacionalista sino más bien por lo exótico que resultaban para esa época.

Dentro del recorrido de la  sala Calaminas, Ana Martha nos comentó que el proyecto de restauración también los llevó a un gran trabajo de investigación y revisión de la catalogación realizada previamente, lo cual permitió conocer el verdadero origen de varias de las piezas existentes. El museo cuenta con un espacio muy amplio que desde sus inicios fue destinado como galería de pinturas. Esta sala  fue adecuada muy al estilo de las galerías europeas de su momento.  En esta parte del recorrido también encontramos una pieza pintada por Mariano Bello. La historia nos indica que el creó diversas piezas, sin embardo la mayoría de ellas no se encuentran  en el museo.

En la sala donde en los tiempos de Don Mariano se realizaban las tertulias, se encuentra un órgano tubular del siglo XVIII, construido por Joseph Chacon Rivera, uno de los más grandes organeros poblanos. Con la reapertura del museo, este órgano fue restaurado en una labor de más de año y medio.  Otro de los instrumentos que causaron mucho la atención fue un ofonicon, el cual es un instrumento parecido a un piano pero con la encordadura a la vista en forma vertical y además cuenta con 3 cajas de resonancia en lugar de uno.  Hoy en día, solo tiene en registro de 4 instrumentos como este, uno está en Nueva York, otro en Edimburgo, otro en el Castillo de Chapultepec y en que se encuentra en el museo, siendo este último el único que tienen las cuerdas completas y suena.

La sala de ornamentos tiene una gran colección provenientes de las iglesias, en ella encontramos piezas de plata, tinteros, libro para cantos entre muchos otros objetos.   La sala oriental, refleja el gran interés por piezas provenientes de esta zona, en ella se encuentran ejemplos de porcelana del las 3 dinastías que existieron en el siglo XVIII.  El objeto más representativo es un abanico de marfil decorado de una manera impresionante. Por último el recorrido termina con la sala de marfil donde se puede apreciar una gran colección de netsukes.

Con esta reinauguración, el museo también incluyó una sala lúdica la cual busca que niños pequeños tengan un acercamiento al arte de una manera divertida. Utilizando diversos elementos  y piezas de la colección, los niños pueden jugar con loterías, memorias, rompecabezas, mosaicos de yeso y sellos.

Desde inicios del taller,  hemos hablado mucho de que el arte depende del contexto en que este se da, y una visita a un museo no es la excepción. En ocasiones se asume que al visitar un museo, únicamente tenemos que ver las obras que se exponen de manera individual y apreciarlas una por una. En realidad debemos poner atención a las razones por las cuales existe, al tipo de discurso que nos intentan transmitir, la relación que existente entre cada una de las piezas, el momento en el cual se fue conformando  la colección e incluso las condiciones en las cual fue hecho. Los museos siempre guardan una gran historia y nunca deben ser vistos como algo frío.

En el caso particular del museo Bello, su valor principal se encuentra en que fue una colección personal de inicios del siglo XX donde esto no era considerado algo común.  Al mismo tiempo el museo contiene piezas que en su momento eran consideradas como objetos utilitarios pero se tuvo la visión de integrarlos a la colección para un futuro. Hoy en día muchas de estas piezas, tienen un gran valor histórico porque nos hablan de cómo era la vida e incluso la cotidianidad en su momento.

En muchas ocasiones, pasamos por alto el gran  trabajo que se realiza para tener una colección como esta y asumimos que simplemente se trata de colocar las diversas de manera “ordenada” a lo largo del museo. El trabajo en un museo siempre tiene que ver con cuatro áreas principales: administrativa, museografía,  curaduría y de restauración.

El área de curaduría tiene dos vertientes, la primera se encarga de llevar un control, registro y catalogación de las colecciones y la segunda es un área de investigación. Esta última es sumamente importante debido a que gracias a ella se le puede dar coherencia al discurso del museo sobre todo de una manera totalmente fundamentada. El trabajo de los curadores, va muy de la mano con los museógrafos,  entre muchas otras cosas ellos colaboran para elegir el tipo de iluminación que se debe dar a las salas, el sistema de sujeción, el tipo ambiente en el cual deben estar las piezas para que no sufran deterioros y estos puedan mantenerse de la mejor manera.  Existen muchos detalles que deben ser considerados  para montar una colección como esta.

En general, disfruté mucho la visita y en taller hasta ahora ha demostrado ser una fuente de inspiración, no necesariamente dentro del contexto del arte.